El efecto dominó de la lucha en el IMSS
EL MOVIMIENTO DE LOS trabajadores del IMSS pudiera transmutarse tanto al ISSSTE como al ISSSTESON en el caso de Sonora, por lo que no hay que perderle la pista pues hoy y mañana tomarán las calles para mostrar sus inconformidades.
Al IMSS lo conforman 510 mil empleados (455 mil sindicalizados), que atienden a 23 millones de trabajadores afiliados pero que acumulan a 75 millones de derechohabientes —un trabajador por cada 150 usuarios—, muy por debajo de los estándares internacionales como en todo en este país. Hoy, además de estar colapsado por falta de medicinas e infraestructura derruida, el personal lucha por un incremento salarial del 10% —les ofrecen un 2.9% directo— y, al mismo tiempo, busca sacudirse a una dirigencia sindical que perciben lejana y omisa a sus demandas.
Al tratarse del gigante de la seguridad social en México, cualquier chispa de dignificación y democratización en las bases del IMSS tiene un efecto dominó capaz de cimbrar y reconfigurar la agenda de salud pública en todo el país.
Veamos.
A diferencia del IMSS, el ISSSTE concentra su atención en una población de 13.5 millones de derechohabientes (maestros, burocracia central y fuerzas armadas) atendidos por una plantilla de 110 mil empleados. También padece una crisis silenciosa por las mismas carencias del Seguro Social, históricamente frenada por las cúpulas de la FSTSE y del SNTE. Si el personal del IMSS logra sus objetivos, se podrían romper esos diques de contención y detonar un segundo frente de exigencia laboral al gobierno federal. Este movimiento está siendo visto y analizado por este tipo de dependencias.
En sus ochenta años de historia, el IMSS ha atravesado con esta, por cuatro grandes luchas:
1964-1965: El Movimiento Médico Nacional (médicos residentes del IMSS, ISSSTE y Secretaría de Salud), que culminó con la represión del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz pero rompió el control absoluto del Estado sobre el gremio.
1993-1997: La Batalla por la Ley del Seguro Social y las AFOREs, cuando la movilización giró en torno a la privatización del sistema de pensiones y la reestructuración financiera del sexenio salinista, logrando blindar el Contrato Colectivo de Trabajo.
2004: La Reforma al Régimen de Jubilaciones y Pensiones (RJP), el momento de mayor tensión en el siglo donde decenas de miles de trabajadores paralizaron avenidas para defender sus pensiones frente al Congreso y la Dirección del IMSS, derivando en la histórica "brecha generacional" de contratación.
La actual: La primera gran movilización de este siglo donde las bases marchan contra el patrón (la dirección del IMSS), exigen soluciones a la crisis operativa de insumos y desafían abiertamente a la cúpula de su propio sindicato, el SNTSS. Por ello, no es una lucha menor.
¿Cómo va a pegar esto en Sonora?
En nuestro estado, el sacudón del IMSS no llega en frío. Acá laboran alrededor de 15 mil trabajadores adscritos a la Sección XIII del SNTSS para atender a casi dos millones de derechohabientes. Cuando este contingente toma las calles en Hermosillo —desde "La Asegurada" hacia el bulevar Morelos e Israel González, hoy a partir de las ocho de la mañana, además de movilizaciones en Obregón, Guaymas y Nogales—, el mensaje no solo retumba en las delegaciones federales, sino que enciende los focos rojos en el Palacio de Gobierno.
El ISSSTE en Sonora no está al margen de esta marejada. Con más de 140 mil derechohabientes, (atendido por tres mil trabajadores), la institución padece en el Hospital General "Fernando Ocaranza" de Hermosillo y en sus clínicas regionales la misma crisis silenciosa: falta de médicos especialistas, quirófanos saturados y una alta dependencia a la subcontratación de servicios. Las inconformidades acumuladas demuestran que las vías sindicales tradicionales quedaron rebasadas.
Pero el verdadero efecto espejo y la mecha más corta está en el ISSSTESON. La institución estatal representa el eslabón más frágil de la salud en Sonora: con 190 mil derechohabientes (burocracia estatal, municipios, la Sección 54 del SNTE y la Unison, atendidos por cuatro mil empleados), el instituto vive en quiebra permanente porque más del 65% de su presupuesto se evapora en el pago de pensiones y jubilaciones. Esa asfixia financiera se traduce en lo que miles de familias sonorenses sufren a diario: farmacias vacías en el Centro Médico Ignacio Chávez, retrasos en cirugías y deudas millonarias con proveedores.
A diferencia de las instituciones federales que cuentan con el respaldo directo de la Tesorería de la Federación, si el ISSSTESON colapsa o enfrenta la exigencia de su base, el rescate sale directo de las arcas del Estado. Que la base del IMSS en Sonora rompa el silencio y muestre músculo en las calles es la chispa que faltaba para que el magisterio estatal y los empleados de los tres poderes vuelvan a presionar por un rescate integral del ISSSTESON. Si el gigante IMSS ya se movilizó, la mecha local está más corta que nunca.
El trompo a la uña que tiene el gobierno federal no es poca cosa; una gestión insensible o mal atendida de este conflicto laboral tiene el potencial de prender una pradera que fácilmente se le puede salir de control, colapsando no solo la operación del IMSS, sino arrastrando al ISSSTE y abriendo la puerta a una crisis incontrolable en el sector salud con todo y sus millones de derechohabientes a cuestas. Jugar con fuego en las bases de la seguridad social es tentar una tormenta que ninguna administración puede darse el lujo de enfrentar.
Pero bueno, esto es solo un reflejo más de nuestra agitada realidad. Ya veremos en el cortísimo plazo en que deriva esto. Tiempo al tiempo.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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