Viene el gasolinazo decembrino
IMAGINA QUE LA ECONOMÍA de tu casa está contra la pared. Debes las tarjetas, el banco te subió los intereses porque te vio con cara de mal pagador, y para colmo, tu jefe te dio un ultimátum: o le entregas cuentas claras el 31 de diciembre o te quita el crédito.
¿Qué harías? Si fueras la Secretaría de Hacienda, inventas un truco de magia de último minuto. Eso es exactamente lo que hay detrás de la famosa Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, (aprobada ayer https://n9.cl/4lkljl ) y que apresuradamente obliga a cobrar la gasolina y el peaje en carreteras únicamente con tarjeta o transferencias a partir del cinco de este diciembre.
El discurso oficial nos habla de "modernización", "comodidad" y "combate a la informalidad". Pero explicada con peras y manzanas, la historia es muy distinta: el gobierno tiene un boquete en la caja, necesita dinero fresco en tiempo real para cerrar el año fiscal (al 31 de diciembre) y no quiere que se le escape un solo centavo de impuestos.
Sin embargo, para entender el pánico real de la tesorería pública, hay que mirar hacia el norte. En la casa de al lado, la Reserva Federal de Estados Unidos (la Fed) tiene su propio incendio. Como los precios de la energía y las importaciones no ceden en el mercado estadounidense, todo indica que apretará las tuercas y subirá sus tasas de interés –acción acostumbrada de ajuste decembrino) a niveles que no se veían en años. Es la economía.
¿Por qué eso le pone los pelos de punta a México? Si EU paga más intereses por su dinero, los inversionistas internacionales prenden una "aspiradora gigante" y se llevan sus dólares allá porque es más seguro y deja más ganancia. En México y para evitar que el país se quede sin dólares y el peso se desplome, Banxico se ve obligado a mantener sus propios intereses altísimos. Es un punto básico.
Sin embargo, el pago del costo de la deuda mexicana es en dólares, no en pesos y refinanciarla con los nuevos intereses, es como pagar una tarjeta de crédito con la tasa por las nubes justo cuando llegan las facturas de diciembre. Es esa presión brutal de la Fed —sumada al temor de que las calificadoras nos bajen el registro a "bono basura"— lo que desató las prisas desesperadas de Hacienda.
Ante ese escenario, el gobierno fue a buscar dinero rápido a la calle. Cuando tú pagas 500 pesos de gasolina con un billete de quinientos, ese dinero entra a la caja del gasolinero. Él maneja su flujo, y al final del mes ajusta sus cuentas con el SAT. Pero cuando te obligan a pagar con tarjeta o código QR, la terminal bancaria funciona como un tubo directo al gobierno: en el milisegundo en que pasa tu plástico, el SAT te mocha la parte correspondiente del IVA y del ISR de un solo tijeretazo.
Para el gobierno es un negociazo. Se asegura de cobrar su "aguinaldo fiscal" en diciembre, justo en el mes de mayor consumo del año, cuando millones de familias salen a la carretera a ver a los abuelos o a hacer las compras navideñas.
Pero para el dueño de la gasolinera, la historia cambia. A él la terminal le cobra una comisión por cada pago con tarjeta, y la retención inmediata le quita la liquidez con la que pagaba a sus proveedores. La pregunta del millón es: ¿de verdad cree usted que el gasolinero va a absorber ese costo de su propio bolsillo?
Durante años, el gobierno ha mantenido un pacto no escrito con los gasolineros para "suavizar" el precio del combustible y evitar el desgaste político de un gasolinazo. Pero al apretarles las tuercas con una ley exprés de 30 días, Hacienda les rompió el esquema.
Sin margen de ganancia, los gasolineros no van a ponerse a pelear en los tribunales ni van a cerrar sus estaciones. Harán algo mucho más sencillo y efectivo: le subirán dos, tres o cuatro pesos al litro de gasolina para amortiguar el golpe. Y aquí viene lo más irónico del asunto. ¿Por qué en diciembre precisamente?
Respuesta: porque en la segunda mitad de diciembre, la burocracia se va de vacaciones. Los inspectores de la Profeco, los auditores del SAT y los funcionarios de la Comisión Reguladora de Energía estarán cenando pavo y abriendo regalos. El gobierno no tendrá ni el personal ni la capacidad operativa para andar clausurando miles de gasolineras en todo el país.
Intentar castigar a los gasolineros clausurándoles en plenas fiestas decembrinas significaría provocar desabasto, filas kilométricas y un caos de movilidad nacional en el momento más sensible del año. El gobierno estará completamente maniatado.
El resultado de esta prisa presupuestal será lo que podemos llamar un "gasolinazo natural". No lo anunciará el presidente en una conferencia ni saldrá publicado en el Diario Oficial de la Federación. Ocurrirá de manera silenciosa y que veremos en los marcadores digitales de cada estación de servicio. De pronto pum, en una gasolinera subirá el precio y en otra y en otra. Efecto dominó, le dicen.
Apretado por la Fed, asfixiado por los intereses y aterrorizado por las calificadoras, el gobierno logrará su objetivo: juntar las monedas para presentarle cuentas bonitas a los bancos internacionales antes del 31 de diciembre. El pueblo bueno y sabio olvida pronto –piensan--, y está para poner el lomo, como siempre, a la espera que para enero y su bajada el mexicano se distraiga y no genere un odio social al gobierno.
Total, para febrero o marzo Sheinbaum apretará a los gasolineros de nueva cuenta y deberá hacer que vuelvan al redil y de una vez esa acción servirá de abono para que Morena obtenga más votos. Buena jugada si les sale, pues no olvide que un incremento significa desatar una cadena que pegará en transportistas, comercios, alimentos y la espiral llegará a la casa, que es el otro punto que papá gobierno tiene que atender prontito. Fácil no va a estar.
Pero la cuenta de esa fiesta no la van a pagar los empresarios, ni funcionarios. La pagaremos tú y yo cada vez que vayamos a llenar el tanque para seguirla. Así que ve preparando la cartera: este fin de año, el ponche y el pavo vendrán con un amargo sabor a gasolina cara.
EN FIN, por hoy es todo, el lunes le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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