A Sheinbaum le urge acelerar el paso.
MORENA SE ENCUENTRA acelerando el paso para la designación interna de sus candidatos a las 17 gobernaturas. Habrá varias rondas: una primera en marzo, otra en julio, y la final en octubre/noviembre para definiciones definitivas. Las encuestadoras encargadas son De las Heras, Demotecnia y Buendía & Márquez, empresas que tendrán la responsabilidad de dar legitimidad técnica a lo que muchos ya leen como una decisión política centralizada.
En lo que resta del mes se terminarán de definir las reglas en el Consejo Nacional y la consolidación de los más de 70 mil comités seccionales que debieron de estar listos en enero, pero no fue así, para posteriormente realizar ejercicios de medición de fuerza territorial y apoyo de las encuestas.
Por cierto, en este proceso y en los diferentes eventos públicos, no se ha visto a Andy López Beltrán, encargado de Organización de Morena, (ni a Adán Augusto), quien con su perfil bajo ha despertado como consecuencia las habladurías lógicas que ello acarrea.
Sheinbaum quiere imponer a sus candidatos a las gubernaturas, por ello y de manera escalada, Morena designará a los coordinadores estatales de los Comités de Defensa de la 4T (o similares) en algunas entidades que históricamente han servido como "puente" o indicador de favoritismo (similar a cómo se usó en 2023 para las corcholatas presidenciales).
Se sabe que aún no hay fecha fija para las 17, pero se sumará al calendario apretado de febrero-abril (con consejos municipales y consolidación seccional) en lo que prácticamente de hecho, a ese titular se le dará la ventaja en la búsqueda por la candidatura a la gubernatura, punto en el que habrá que estar atentos toda vez que Sonora se encuentra entre los primeros en nombramiento.
Incluso, entre las características de quien ocupe una coordinación estatal, emerge como responsabilidad, contar con la capacidad de convocar a la unidad dentro de Morena para evitar desde desplazamientos de integrantes a otros partidos, así como la conformación de bloques opositores, ojo con esto. Son acuerdos internos. Se requieren operadores propios de la presidenta. Ojo con este dato.
Sin embargo, en este contexto, reforzado desde el pasado once de febrero con eventos de Morena relacionados con los nombramientos de comités seccionales en gran número, es cuando brotaron dos sucesos que llaman la atención por su cercanía de fechas, del miércoles pasado para acá.
Pero lo que estamos presenciando es una estructura que, aunque resistente a los embates de una oposición aún desarticulada, está demostrando una fragilidad alarmante ante sus propias fisuras internas.
Los episodios recientes —el atrincheramiento de Marx Arriaga, el libro de Julio Scherer Ibarra y las ausencias simbólicas en la cúpula partidista, como Andy y Adán Augusto y sus “perfiles bajos”— no son anécdotas aisladas; son las repercusiones claras de un sistema que ha perdido sus puentes y cuyos operadores originales parecen estar en retirada o en franca colisión.
El caso de Marx Arriaga en la Secretaría de Educación Pública es, quizás, la imagen más vívida de esta crisis de identidad. Lo que inició como una diferencia pedagógica sobre los Libros de Texto Gratuitos terminó en un despliegue de fuerza pública para desalojar a uno de los ideólogos más vocales del obradorismo puro.
Aquí, el error no fue administrativo, sino de sensibilidad comunicativa. La nueva administración, en su afán por institucionalizar el "Segundo Piso", falló al no entender que, para los sectores más radicales del movimiento, evolucionar se percibe como traición. Al no saber comunicar la transición, el gobierno convirtió a un funcionario en un mártir de la "resistencia", permitiendo que la narrativa del conflicto devorara a la de la gobernabilidad.
Sin embargo, el sismo ideológico en la SEP palidece ante la profundidad del golpe narrativo propinado por Julio Scherer Ibarra. Si Arriaga representa la fractura en la operación de campo, el libro de Scherer representa la grieta en el corazón político y judicial del proyecto.
El testimonio de quien fuera el "brazo derecho" jurídico del fundador es una disección de las entrañas del poder que deja al descubierto una verdad dolorosa para la base: la unidad nunca fue institucional, sino personalista. Al revelarse las pugnas internas y las facturas pendientes, queda claro que el blindaje nunca contempló un mecanismo de contención para cuando los constructores del barco decidieran saltar por la borda con los diarios de navegación en la mano.
En el centro de este vacío se encuentra una figura que hoy luce, por decisión propia o por el peso del tiempo, desfigurada: Andrés Manuel López Obrador. Su silencio desde Palenque ha dejado de ser una señal de respeto a la investidura de su sucesora para convertirse en una ausencia de arbitraje que está costando cara.
La 4T se diseñó como un sistema solar donde todos los planetas giraban en torno a un sol central; sin esa fuerza de gravedad, los astros han comenzado a chocar entre sí. El silencio del líder máximo no ha pacificado a las tribus; al contrario, ha desatado una guerra de guerrillas burocrática donde cada grupo reclama para sí la interpretación auténtica del legado.
Esta orfandad operativa se hace evidente con la salida de Adán Augusto López de la primera línea en el Senado. Quien fuera el puente natural y el operador de confianza, el hombre de la "mano izquierda", parece haber optado por un exilio estratégico en el territorio. Su alianza con Andy López Beltrán refuerza la hipótesis de un distanciamiento doloroso con el centro del poder actual.
Es aquí donde el "sospechosismo" se vuelve análisis político puro: la ausencia de Andy es significativa en un movimiento que vive de los símbolos, que el hijo del fundador y Secretario de Organización sea invisible envía un mensaje inequívoco: el ADN del movimiento no reconoce —o no valida— la nueva fisonomía que el partido está adquiriendo.
A este escenario de vacíos se suma una gestión que no ha logrado "encontrarle la cuadratura al círculo" en las primeras esferas del mando. Ni la dirigencia de Luisa María Alcalde, ni los esfuerzos de la propia Presidenta, han sido suficientes para llenar el hueco que dejó la política de masas del sexenio anterior.
Esta debilidad en el control formal alimenta la tesis que analistas como Raymundo Riva Palacio han puesto sobre la mesa: la existencia de un mando bicefálico o paralelo. La sombra de Mario Delgado, operando presuntamente los hilos del partido de forma externa, genera una distorsión de mando que confunde a la base y debilita a la estructura oficial. Si el poder real no coincide con el poder formal, el blindaje de unidad es, por definición, inoperante.
Lo que hoy vemos son las repercusiones de una falta de operadores que lleven el mensaje original sin distorsiones. La transición ha preferido el orden técnico y administrativo sobre la lealtad emocional y la mística de unidad.
El problema es que un movimiento nacido de la emoción no puede sostenerse solo con boletines de prensa, desalojos policiales o entrega del poder político de los gobernadores morenistas (todos de Amlo) a los próximos coordinadores estatales de los Comités de Defensa de la 4T.
La lealtad ciega ha dado paso a las facturas pendientes, y mientras el sol de Palenque se desvanece en el horizonte, los herederos parecen más ocupados en definir quién se queda con las llaves de la casa que en evitar que el techo se les venga encima. El tiempo corre, y en política, el vacío que no llena la Presidenta, lo llenan las facturas del pasado.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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