Coahuila: Castigo a soberbia de Palacio Nacional
SI TOMAMOS EN CUENTA que el gobierno federal cuenta con 600 mil personas apoyadas con recursos de los programas sociales en Coahuila, a los que se suman los 217 mil integrantes del padrón de Morena y los 16 mil afiliados del PT —dando un universo teórico que araña el millón de voluntades en el papel—, la alianza "Sigamos Haciendo Historia" debió haber ganado la elección caminando. Pero no fue así. Ambos partidos unidos apenas obtuvieron 325 mil 824 votos, es decir, una raquítica tercera parte de sus propias proyecciones de escritorio.
Por su parte, el PRI, con sus 155 mil 304 integrantes, en alianza con la Unidad Democrática de Coahuila (UDC, que aporta 10 mil 705 afiliados conforme a los registros del INE), ganaron prácticamente dos a uno. Con 684 mil 211 votos, se llevaron un inapelable carro completo en la elección de las 16 diputaciones de mayoría el pasado domingo.
De los 25 escaños que componen el Congreso local, los nueve restantes se repartirán por la vía de la representación proporcional: seis curules plurinominales para la menguada oposición de Morena/PT y tres para la sorpresiva corriente local Nuevas Ideas, que irrumpió con fuerza al capturar más de 75 mil votos. En contraste, MC, el PAN y PVEM perdieron el derecho a prerrogativas y a representación legislativa en la entidad al no alcanzar el 3% reglamentario.
Lo interesante de estas elecciones, más allá del triunfalismo válido para los priistas, son los dogmas morenistas que hoy quedaron en entredicho en el laboratorio norteño.
Primero: Según datos de la propia Secretaría del Bienestar, Coahuila cuenta con 371 mil adultos mayores con pensión alimentaria; 145 mil alumnos de educación básica y media superior, junto a 35 mil universitarios becados; 15 mil jóvenes de Construyendo el Futuro; 8 mil 500 madres trabajadoras con apoyo directo y 22 mil personas con discapacidad permanente. Redondeando el dato, son 600 mil beneficiarios directos.
La fría realidad demostró que los programas sociales no son garantía de arrastre de votos ni de lealtad ciega en las urnas. Coahuila se convirtió en el escenario de una madurez electoral incómoda para Palacio Nacional: la gente ya sabe que el dinero que reciben emana de sus propios impuestos y de un derecho constitucional, no del bolsillo de López Obrador y mucho menos del de Claudia Sheinbaum.
Segundo: Se desplomó la falsa premisa de que los satélites de la llamada Cuarta Transformación pueden caminar solos. El Partido Verde se condenó a la inanición presupuestal al jugar a la autosuficiencia, y el PT estuvo a un tris de acompañarlo en el cementerio local si no se hubiera colgado de la tabla de salvación que significó ir en coalición total con Morena; ambos demostraron ser meros cascarones vacíos. En paralelo, el mismo fenómeno de soberbia liquidó al PAN y a Movimiento Ciudadano: de haber ido en bloque opositor, pues habrían superado con creces la cifra condenatoria, pero prefirieron el naufragio antes que ceder al aferrarse a su orgullo.
Tercero: Quedó sepultado el mito de que el dinero lo compra todo. El tope legal de gastos fue de casi cuatro millones de pesos por distrito. Pero a esa bolsa, en el caso del oficialismo federal, hay que sumarle los dos mil 700 millones de pesos invertidos por el gobierno a los programas sociales que se manejaron como anzuelos de votos, así como en el despliegue permanente de los “servidores de la nación”, utilizados casa por casa como promotores del voto. Morena operó en Coahuila el voto más caro, ineficiente y estéril de su historia reciente.
Cuarto: La infalibilidad de las encuestas internas de Morena quedó en entredicho. El método, utilizado más como una herramienta de disciplina vertical y simulación que como un auténtico instrumento demoscópico, volvió a fallar al medir la temperatura real del territorio e imponer candidatos basados en cuotas de lealtad chilanga o acuerdos copulares, la dirigencia nacional ignoró el arraigo local y las dinámicas regionales de Coahuila. El resultado fue dejar el campo libre para que la estructura del PRI los triturara en las urnas.
Ojo con este dato: la ceguera metodológica de las encuestas no es un error aislado, sino un vicio estructural que Morena pretende replicar con la misma dinámica para elegir a sus candidatos a gobernador en 2027. Si el centro sigue enviando perfiles de laboratorio para competir contra estructuras estatales sólidas, el mapa del próximo año podría pintarse con los mismos tintes de rechazo norteño.
Quinto: Posiblemente el más doloroso dogma hecho añicos fue el mito del padrón histórico de los 12.5 millones de militantes, presumido con bombo y platillo por la Secretaría de Organización nacional. Coahuila demostró que una cosa es llenar formatos de afiliación masiva en el escritorio y otra muy distinta movilizar voluntades reales en las urnas.
No es posible que un padrón registrado de 217 mil integrantes en la entidad, hayan logrado cosechar apenas unos 108 mil votos extras más allá de su propia base, cuando se supone que bajo su propia lógica operativa cada afiliado debía llevar al menos tres votantes. A menos que una gran cantidad de esos nuevos integrados –sobre todo del 2025 que representan más menos un 70% del padrón--, hayan firmado el formato guinda para que no les quitaran la pensión o beca y su pertenencia sería por supervivencia más no por convicción. O bien, se reforzó la hipótesis de que saben que el dinero que reciben es por derecho constitucional y/o aplicaron el abstencionismo por castigo al ver candidatos impuestos desde CDMX.
Por supuesto que Morena actúa hoy como Jalisco que no sabe perder. De ahí que sus patadas de ahogado giren en torno a la narrativa de fraude y de una absurda acusación de intervención o injerencia extranjera de parte del gobierno de Estados Unidos. Harían mejor en serenarse, hacer una autocrítica profunda y determinar qué tanto les terminará afectando el lastre de personajes como Rocha Moya y los presuntos narcos gobernadores en la víspera del 2027. Es el abc de la política: dejar el auto engaño para poder redefinir una ruta ganadora.
Por cierto, lo que más ha de calar en las filas morenistas son las bullas lanzadas por Alejandro "Alito" Moreno. El campechano, que pendejo no es, no se ha burlado ni del PAN ni de MC; al contrario, toma el caso Coahuila como el último gancho disponible para forzar la vigencia de una alianza de cara a las elecciones del 2027.
"Alito" sabe perfectamente bien que Coahuila cumplirá cien años ininterrumpidos de hegemonía priista en el 2029 (un récord mundial de longevidad política que romperá cualquier dogma), pero también está consciente de que, fuera de ese oasis norteño, el PRI nacional se encamina a perder el registro si no logra amarrar una unión electoral para el próximo año. El juego de la supervivencia del tricolor apenas comienza.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
Correo electrónico:
archivoconfidencial@hotmail.com
https://www.facebook.com/armando.vazquez.3304

