Las Azules: Del DF de 1971 a la 4T
HUBO LA OPORTUNIDAD de ver la serie Las Azules, cuya ambientación ocurrió hace 55 años, durante 1971, en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez y cuya primer dama María Esther Zuno, generó el ingreso de las mujeres en el cuerpo policiaco del DF, acción apoyada por el presidente, para mejorar la imagen de la policía capitalina.
Esas mujeres se convierten en heroínas investigadoras a pesar de la resistencia de sus jefes y compañeros de trabajo y claro, resuelven el caso sobre un asesino en serie. Pero ese no es el tema, sino el contexto: el retrato vivencial de una época.
Se puede observar el peso asfixiante de la estructura estatal, el dogmatismo de los hombres en el poder y los mecanismos sutiles de dominación institucional y mediática. Al observar estas dinámicas, el espectador atento experimenta una suerte de déjà vu involuntario al constatar el profundo parecido con el estilo de gobernanza que hoy impone la autodenominada 4T en el México contemporáneo.
En primer lugar, el ejercicio de la política desde la cúspide mantiene intactos sus viejos hábitos de hegemonía y disciplina piramidal ejercida por AMLO y que hoy busca preservar Sheinbaum.
En la serie se aprecia cómo las argumentaciones del poder apelaban a una supuesta razón de Estado o a una superioridad moral incuestionable para invalidar cualquier disidencia. Los políticos y funcionarios nunca tienen la culpa y la información que proporcionan busca acomodar, manipularla de tal manera, que refleje una superioridad falsa. Engañan entonces, igual que hoy con medias verdades y mentiras tajantes.
Hoy, ese mismo manual se reedita a diario desde las más altas esferas gubernamentales: la lealtad ciega al proyecto se sobrepone a la capacidad técnica, el pensamiento único no admite otras opiniones, la simulación democrática se disfraza de consultas o asambleas cuyas decisiones ya están tomadas de antemano.
Como en esa etapa de México, disentir de la línea oficial no se interpreta como un contraste de ideas, sino como una afrenta que amerita el reproche público y el tratamiento de traidores a quienes no están de acuerdo con el sistema. ¿Le suena?
A lo anterior se suma una forma de control comunicativo –en aquel tiempo a la fuerza y pago sustancial a los dueños de medios por aceptar la dominación--, y en contraparte cerco mediático a quienes no aceptaban las prebendas del gobierno en un paralelismo sorprendente.
Si en los setentas el régimen definía qué era noticia y administraba la narrativa oficial a través de los canales tradicionales, el modelo actual ha perfeccionado la hegemonía informativa mediante la repetición constante de consignas, el uso masivo de espacios diarios de comunicación y con derechos de audiencias cuya finalidad de control es de todos conocidos.
La serie demuestra que no se trata meramente de debatir argumentos, sino de fijar los términos de lo que "se vale" pensar y decir, convirtiendo la información pública en un aparato de adoctrinamiento y deslegitimación sistemática contra cualquier contrapeso crítico.
Un aspecto nodal en este paralelo histórico es la normalización de la represión en sus distintas variantes. En el escenario actual, la coacción ha evolucionado hacia formas institucionales y operativas sumamente sofisticadas: el uso faccioso de las agencias de procuración de justicia y auditorías fiscales como garrotes políticos, la asfixia financiera de órganos autónomos o bien de Estados u organizaciones civiles, y el hostigamiento discursivo desde el atril del poder.
La coerción ya no requiere necesariamente de la fuerza bruta clandestina como dicta la serie; se disfraza de legalidad administrativa y se legitima mediante el linchamiento simbólico de los críticos, logrando el mismo fin de neutralización sin el costo político de la confrontación abierta. Incluso, se muestra cómo el jefe policiaco—toda una joya--, utiliza a los reporteros para que le hagan preguntas a modo. Me recordó a la mañanera.
Sin embargo, el giro analítico más agudo surge al recordar el escenario geográfico donde transcurre Las azules: la Ciudad de México. El entonces Distrito Federal ha sido históricamente la "joya de la corona", un escaparate político gobernado de manera ininterrumpida por la izquierda durante más de dos décadas.
Esta paradoja demuestra que los vicios del poder —el corporativismo, la verticalidad y la intolerancia al escrutinio— no son exclusivas de una sigla partidista, sino una cultura política arraigada en el ADN chilango, un laboratorio desde donde se imponen tendencias y donde los gobernantes hacen lo necesario para seguir manteniéndose en el poder.
Más aún, la capital funciona como el gran espejo y amplificador cuyas dinámicas permean a todo el país. Lo que ahí se ensaya —el control de la plaza, la subordinación de las instituciones y la narrativa hegemónica— se convierte en la directriz que se exporta e impone a las regiones.
Para entidades federativas con tanta identidad y autonomía histórica como Sonora, este neo-centralismo mimetizado desde la capital se resiente con crudeza. Las decisiones de gran calado, los presupuestos y las prioridades de desarrollo siguen atados a una ventanilla única en CDMX, relegando a los gobiernos locales al papel de meros delegados de una voluntad federal inapelable.
Al final, tanto la ficción histórica de los setentas como el ejercicio del poder actual revelan una constante preocupante: las estructuras de dominación cambian de membrete y de discurso, pero los manuales de control político y subordinación regional siguen encuadernados con las mismas páginas.
Vea el contexto de la serie, es tan interesante que al traerlo a valor presente nos damos cuenta de donde provienen los orígenes de las acciones actuales de la 4T que, aderezadas con otras similitudes de otros países de izquierda y sus inercias autoritarias, nos mantienen como nación al filo de diferentes abismos.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones… Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.comhttps://www.facebook.com/armando.vazquez.3304

