Errores visibles en equipo de Lorenia
YA SON VISIBLES los errores del equipo de inteligencia de Lorenia Valles. En cualquier estrategia de contención de crisis, la regla de oro es atender primero a los frentes más ruidosos y con mayor capacidad de daño. Ya hubo comunicación con Javier Lamarque, con quien se supone hubo negociación, y hoy la futura candidata se reunirá con la militancia del Partido Verde, que le rendirá pleitesía. ¿Y Célida López?, ¿y el PT?
Dejarla a ella en tercer lugar para posibles negociaciones es pegarle en su ego. Quienes pensaron que la dejarían ser y no tomarían en cuenta su inconformidad —minimizándola para que se apaciguara sola o que el gober lo solucione— cometieron un grave error táctico. Célida se convirtió en automático en un flanco suelto y de incertidumbre permanente, pues no actuó como María Dolores del Río, quien regresó a la dependencia a la que supuestamente debió renunciar y no solo pedir licencia. Y aunque se especula que a lo mejor la regresan al gabinete, el trato que ha recibido bien la puede orillar a un apoyo de brazos caídos y de dientes para afuera.
Célida López cuenta con un perfil altamente competitivo, temperamental y con base propia construida en Hermosillo (la capital y la plaza electoral más pesada del estado). Sigue pensando que ganó la encuesta, y el trato que ha recibido demuestra que el pacto de unidad no se cerrará con facilidad; un escenario muy distinto al de Maloro, quien ya habló de darle el apoyo total a Lorenia y sin pedirle nada a cambio... ajá.
Se ha especulado mucho sobre el rol que podría jugar el Partido del Trabajo frente a perfiles de peso que no se sienten contenidos dentro de la estructura oficial de Morena. Si Célida decide no sumarse plenamente a la disciplina del equipo de Lorenia —o si siente que le cerraron los espacios de negociación real para las boletas de 2027—, la tentación de convertirse en una carta fuerte o una disidencia respaldada por su partido se vuelve un escenario que pegará directito en el voto de la izquierda en Sonora.
El modo tradicional de operación política (la repartición clásica de cuotas como ocurrió en el sur) puede no ser suficiente con una figura como Célida, que demostró tener músculo propio y aspiraciones reales al sillón estatal. Si no se le otorga un espacio de verdadero peso y autonomía en la estrategia general, su inercia puede fracturar el bastión capitalino que tanto se necesita defender frente a liderazgos como el de Toño Astiazarán.
Para el equipo de Lorenia Valles, el tiempo apremia. Dejar pasar los días sin amarrar a Célida es permitir que el resentimiento político se consolide. En política, el orden de los factores sí altera el producto, y las formas son fondo. Tratarla como un daño colateral que "ya se calmará sola" o dejarla al final de la lista de operadores prioritarios es un golpe directo a su capital político y a su orgullo personal.
En la política de altos vuelos, un agravio no atendido a tiempo se convierte en resentimiento activo. Tratar a Célida como la última pieza a apaciguar demuestra que el equipo de operación política está reaccionando de manera burocrática y no política. Y lo que es peor: con el solo hecho de que Lorenia se hubiera tomado un café en un restaurante con Célida, eso hubiera bastado para detener la bola de nieve sin mayor necesidad. Pero no les alcanzó la tatema para cuidar la forma.
Y es que el equipo de Lorenia aún cree que cuenta con los 508 mil votos que obtuvo como candidata a senadora en 2024. Pero, como dicen los abogados, todo depende del modo, tiempo y lugar. Ninguna elección es igual a otra. Esa votación la obtuvo porque eran elecciones presidenciales, donde sufraga alrededor del 50% del padrón, mientras que en las intermedias la participación llega a bajar ocho puntos o más.
En ese año, el votante evaluaba el proyecto macro: la continuidad de la 4T a nivel federal, el respaldo al gobernador a nivel estatal, y ese arrastre bajaba en cascada a los ayuntamientos. Pero el juicio de 2027 se convierte en un escrutinio general y de tres niveles (federal, estatal y municipal). Al estar bajo el microscopio todas las esferas de gobierno al mismo tiempo, las inercias del pasado ya no protegen a nadie. Los ciudadanos ya no votan bajo la promesa abstracta de un movimiento, sino ponderando resultados tangibles, deficiencias y gestiones concretas de cada nivel de gobierno.
Bajo este nuevo estándar, figuras competitivas que gobiernan plazas clave (como Toño Astiazarán en Hermosillo midiendo su propio modelo de gestión frente al aparato estatal y federal) obligan a los estrategas de Lorenia a replantearse por completo los escenarios. Ya no se trata de apelar a una votación histórica obtenida en circunstancias distintas, sino de convencer a un electorado mucho más crítico y evaluador. Y allí pudiera entrar Célida con su capacidad y equipo de trabajo en la capital.
Aunque en Morena aún confían en los programas sociales como voto duro en el papel —pues suman un millón de personas beneficiadas—, el juego lo ganan las maquinarias, no los discursos. Como vota menos gente, el padrón de beneficiarios y la estructura territorial cobran un peso proporcional mucho mayor, siempre y cuando se logre movilizar.
Pero hay tres factores que adelgazan la votación morenista vía dichos programas. Primero, con el paso del tiempo se han convertido en un derecho, diluyendo el agradecimiento político. Segundo, si se perciben malos servicios públicos, inseguridad, corrupción o falta de crecimiento, tales programas compiten de golpe con el enojo cotidiano. Y tercero, el ausentismo de este bloque es notable en las intermedias. Ojo con esto.
Hay que tomar en cuenta que una gubernatura se gana con entre 450 y 500 mil votos, en Hermosillo el padrón es de 700 mil, y Toño no hace malos quesos como lo acaba de demostrar recientemente en un multitudinario evento en Ciudad Obregón. Bajo estas circunstancias, confiar ciegamente en los 508 mil votos del pasado es un error de apreciación táctica del equipo de Lorenia. Las variables del modo, tiempo y lugar indican que la elección de 2027 no será un plebiscito de simpatías partidistas, sino una brutal auditoría de desempeño.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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