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Se nos cayó el mito ¡Carambas!

2026-10-29 | Armando Vásquez A. | Sección:

SUPONGAMOS QUE UN BUEN día su hija le dice que quiere entrar a la política y que buscará hacer vida en Morena porque ella considera que es el único partido que llena sus expectativas para lograr una posición desde la cual pudiera hacer la diferencia.

¿A quién de las siguientes cincuenta mujeres –que tengo a la mano, porque hay más– le diría que tomara como ejemplo, que siga sus pasos?

Claudia Sheinbaum, se entiende porque es la presidenta con todo y que no puede quitarse de encima la sombra, pensamientos y actuaciones solapadoras de AMLO. Rosa Icela Rodríguez de Gobernación, criticada por ineficaz sobre todo en materia de estrategias de seguridad. Ariadna Montiel, dirigente nacional del partido, recién acusada de corrupción en su anterior cargo como secretaria del Bienestar, cuestionada por el uso político-clientelar de los padrones sociales y, según Héctor de Mauleón, hizo tratos con el hermano del Chapo Guzmán.

Raquel Buenrostro, secretaria Anticorrupción y Buen Gobierno, señalada por una fiscalización dócil y selectiva con los cuates. Citlalli Hernández, funcionaria de Morena, pero criticada porque como titular de la Secretaría de las Mujeres permeó su mutismo ante la violencia machista y el recorte a refugios. Luz Elena González, secretaria de Energía, señalada por el rescate a ciegas de Pemex a costa del erario.

Alicia Bárcena, secretaria de Medio Ambiente, criticada por convalidar ecocidios en las obras faraónicas. María Luisa Albores, exsecretaria de Semarnat, señalada por la inacción institucional ante el saqueo de recursos. Tatiana Clouthier, quien justificó el desmantelamiento de contrapesos. Luisa María Alcalde, exdirigente de Morena y exsecretaria de Gobernación, hoy en lo jurídico en Palacio Nacional convertida en herramienta de golpeteo.

¿Le diría a su hija que siga los pasos de Delfina Gómez? La hoy gobernadora del Edomex y exsecretaria de Educación quien es recordada por el cobro histórico del "diezmo" en Texcoco. Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz y exsecretaria de Energía, cuestionada por el sobrecosto millonario de Dos Bocas y su riqueza inexplicable. O más atrás, que siga los pasos de Ana Gabriela Guevara, cuya fama en la CONADE está ligada a la opacidad y desvíos de recursos, o Alejandra Frausto, ex de la Secretaría de Cultura y similar en todo a la velocista funcionaria.

Sigamos. Tenemos a Nuria Fernández, quien en el DIF nacional es indiferente ante las infancias vulnerables. Y Clara Brugada, la jefa de la CDMX de la que tan mal se habla, al igual que de Marina del Pilar en BC, quien sin visa está bajo la lupa del sospechosismo del más alto nivel. O Evelyn Salgado en Guerrero, a quien se señala de haber entregado la plaza al crimen organizado y provocado la ingobernabilidad de su estado. Algo similar a Layda Sansores en Campeche, quien además es represora de policías y periodistas. (Por cierto, Abelina López, alcaldesa de Acapulco, no deja de hacer declaraciones bufonescas ante la tragedia del puerto).

Y Mara Lezama no hace malos quesos en Quintana Roo por su depredación inmobiliaria y violencia turística. O Indira Vizcaíno en Colima, cuya violencia no sabe cómo detener, mientras que, en Tlaxcala, Lorena Cuéllar actúa con represión a sindicatos porque no sabe gobernar. En Morelos, Margarita González sigue con el pésimo trabajo que dejó su antecesor. La alcaldesa de Nuevo Laredo, Carmen Lilia Canturosas, tiene profundas sombras de opacidad.

Pero supongamos que sea abogada. ¿Tomaría de ejemplo a la plagiaria ministra de la SCJN, Yasmín Esquivel, o a Lenia Batres, la magistrada del pueblo quien se aleja del brillo del conocimiento de las leyes? A lo mejor le llama la atención la imagen de Ernestina Godoy, cuestionada por el uso político de la FGR. ¿O quiere seguir los pasos de Rosario Piedra Ibarra, quien en la CNDH es señalada por la sumisión y el silencio cómplice ante abusos del Estado?.

Ahí está Andrea Chávez con sus estridencias en Chihuahua. Julieta Ramírez y sus acusaciones nada limpias en BC, o tal vez siga el ejemplo de las senadoras Laura Itzel Castillo, Antares Vázquez, Simey Olvera y Martha Lucía Micher, instruidas en una disciplina ciega a lo que le manden, criticadas por la cerrazón así sean iniciativas que dañan al país.

¿Y qué me dice de las diputadas federales Nay Salvatori, puro show en redes; Cecilia Márquez, quien hace descalificaciones estridentes sin sustento técnico, o exlegisladoras como María Clemente García, quien participaba en altercados violentos, y Patricia Armendáriz, quien caía en contradicciones? También las hay diputadas locales como Itzul Barrera, cuya intolerancia le sale a flor de piel, o María de Padilla, exhibida por su profunda ignorancia; ah, y tenemos a Lucero Guadalupe Sánchez, ligada legalmente al Cártel de Sinaloa.

Por si es comunicóloga, Sanjuana Martínez llevó a Notimex al colapso y abusos laborales. Ana Elizabeth García Vilchis manejó el "Quién es quién en las mentiras", señalada por usar recursos públicos para estigmatizar periodistas. O si quiere hacer el ridículo con su “lero lero” y bailecito en la mañanera, que tome en cuenta a Ana María Prieto, promotora de la Nueva Escuela Mexicana. O bien, ¿qué le parece Clara Luz Flores, la cuasi candidata por NL y ligada públicamente con la secta de sometimiento sexual, NXIVM?

También tenemos a Yeidckol Polevnsky, exdirigente de Morena, cuestionada por contratos millonarios y opacidad financiera; Bertha Luján, exconsejera nacional de Morena, señalada por tejer redes de influencia familiar en la cúpula; Katya Meave, superdelegada quien usó en materia electoral los programas sociales. Y no podía faltar Guadalupe Taddei.

Con su actuación, ellas y otras más –“Dato protegido”, por ejemplo–, le han dado al traste a aquel mito de que la mujer política era sinónimo de congruencia moral, honestidad, echada pa' delante y sobre todo preocupada por el mejoramiento ciudadano. Sobran las palabras de reflexión, pues la desilusión pega igual en las mujeres morenistas, así como en aquellas que no lo son o que apenas se están asomando para participar en el mundo de la política. Ya viejos en estas lides, se nos cayó el velo y vemos que son igual o más corruptas que los hombres. ¡Carambas!.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…                                                                                                                                                                                                                                  

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