Este junio viene otro “Error de Diciembre”
PARECIERA QUE A NADIE le importa lo que ocurrió este martes. En medio del ruido mediático, la cacería de capos y el glamour del mundial de fútbol, la calificadora S&P Global colocó a México en Perspectiva Negativa. Para el ciudadano de a pie, esto suena a tecnicismo burocrático, a un reporte más de oficina; para quienes analizamos la trazabilidad del dinero, es el primer clavo en el ataúd de una burbuja de bienestar ficticio que hoy empieza a desinflarse.
Los otros dos clavos están fechados. El segundo llegará en junio de parte de Moody’s, en lo que será una ratificación de la agonía, pues ya había advertido esta vulnerabilidad negativa hace meses y no se ve que vaya a cambiar, sino más bien a ratificar. El tercero y definitivo lo propinará Fitch Ratings entre septiembre y octubre, una vez que desmenucen la propuesta presupuestal de Hacienda para el 2027.
Estas tres firmas dominan el 90% de la toma de decisiones de los inversionistas globales. La regla es simple y brutal: solo se requiere que dos de estas agencias coincidan en el veredicto negativo para que México pierda su "Grado de Inversión". Cuando eso ocurra, los dueños de bonos mexicanos, por ley y estatutos internos, tendrán que venderlos en un plazo máximo de 48 horas para refugiarse en el dólar.
Es imposible no sentir un déjà vu con el "Error de Diciembre" de 1994, cuando se fugaron cerca de 30 mil millones de dólares. Sin embargo, aquel desastre fue sorpresivo; el de hoy es una colisión anunciada. Las alarmas están gritando, pero la orquesta gubernamental ha decidido seguir tocando mientras el barco se inclina. La gran diferencia es que en el 94 el golpe lo recibieron las reservas internacionales; hoy, el golpe va directo al corazón de su futuro: las Afores.
Estamos hablando de capitales "golondrinos" que se preparan para huir de México por el orden de un billón y pico de pesos. Ante la falta de compradores externos para la deuda mexicana, el gobierno federal ejecutó una jugada maestra de "blindaje" pero a costa de los trabajadores. Cambiaron la ley para obligar a que el 20% del ahorro de los trabajadores se convierta en bonos para la construcción de infraestructura pública.
Son 1.5 billones de pesos que ya están enterrados en proyectos que no generan liquidez inmediata. Como no hay de dónde más echar mano ante la salida masiva de inversionistas, el gobierno utilizará ese ahorro cautivo para comprar los "bonos basura" que el extranjero ya no quiere. Perderemos nosotros para que el capital internacional pueda salir por la puerta de emergencia.
Para entender cómo este reporte de Nueva York termina afectando su bolsillo hay que seguir la lógica del mercado. La salida masiva de capitales generará una demanda de dólares sin precedentes. El "Súper Peso", ese trofeo político de cartón que presumieron como símbolo de fortaleza, se romperá al no tener sustento real.
Al dispararse el tipo de cambio, se activa un mecanismo de inflación importada. México importa desde gasolina hasta granos básicos; un dólar caro significa, irremediablemente, una canasta básica inalcanzable. Pero el daño no se detiene en los precios del súper. Si el mundo deja de comprar bonos mexicanos, el gobierno entrará en una fase de canibalización del ahorro interno para que el sistema no colapse. Es el escenario del "corralito" técnico: su dinero en la Afore no desaparece físicamente, pero su valor adquisitivo se pulveriza. Usted terminará siendo el dueño de una fracción de una obra pública devaluada en un país sin crédito internacional.
Las tasas de interés se irán a las nubes. Si usted tiene una tarjeta de crédito, un préstamo de nómina o una hipoteca con tasa variable, prepárese para un incremento asfixiante. No es que hoy haya amanecido con ganas de escribir con la lente oscura de esas para ver eclipses, es que la realidad financiera no permite matices cuando la confianza se evapora.
Lo peor de este escenario es que ni usted ni yo podemos hacer nada bajo el contexto mediocre de la indiferencia que vivimos. El mexicano promedio mide la estabilidad económica basándose únicamente en la fluctuación peso-dólar. Mientras el dólar se mantenga "estable", creemos que el país va bien, ignorando que el motor interno está fundido y que el aceite son nuestros propios ahorros. Cuando esa disparidad nos alcance —y no tarda más de seis semanas—, será entonces cuando se dé el verdadero crujir de dientes.
Si sirve de consuelo, hay otros países peor, como Venezuela, Brasil, Colombia o la misma Argentina, donde el peso de papel vale menos que el papel sanitario. Pero el consuelo de tontos no paga las cuentas. Esto no es una cuestión de ideologías o de "ser de izquierda o de derecha"; es el comportamiento del mercado económico mundial. La pérdida de confianza no se negocia con discursos mañaneros. El capital se retira hoy por goteo, pero tras el reporte de junio de Moody's, la fuga será a baldazos.
Y si buscamos culpables de lo que se avecina, lo más cómodo es achacarle el fracaso económico de México exclusivamente a la administración de Sheinbaum. Ella está allí todas las mañanas, sosteniendo una narrativa que ya no cuadra con los balances financieros. Sin embargo, para ser sinceros, el gobierno es dueño del 50% de la culpa; el resto pertenece a ese pueblo contado por millones que otorgó su voto por cualquiera de los motivos que usted quiera, ignorando las señales de advertencia que analistas y calificadoras venían señalando.
Nos vendieron una soberanía financiada con deuda interna, y la compramos con entusiasmo. Nos dijeron que el sistema de pensiones estaba seguro, mientras cambiaban las leyes para meterle mano. Ahora, el mercado internacional ha pasado la factura.
Insisto, no hay nada qué hacer más que apechugar, una vez más. El "Error de Diciembre" es un déjà vu que viene en cámara lenta, y esta vez, nos encuentra sin ahorros, sin crédito y con el futuro invertido en pavimento de carreteras que no se puede comer. Espérelo sentado, que el impacto está a la vuelta de la esquina.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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